El Barça sufre ante el Celta y se lleva un trabajado 1-0 en el Camp Nou

Un gol agónico en la primera parte bastó para doblegar al Celta, pero la falta de mordiente ofensiva preocupa de cara a compromisos mayores.
Un gol, cien dudas
El Camp Nou contuvo el aliento más de lo que rugió este miércoles por la noche. El Barcelona superó al Celta de Vigo por 1-0, pero quien esperara fútbol champán se fue decepcionado. Fue una actuación nerviosa, deslavazada, que mantuvo al público removiéndose incómodo en sus asientos durante largos tramos, sobre todo tras el descanso cuando el Celta amenazó con castigar el despilfarro azulgrana.
El pitido final de José Munuera Montero trajo tanto alivio como celebración. Tres puntos asegurados, sí, pero la manera de conseguirlos plantea interrogantes que no desaparecerán con el marcador final.
Primera parte: madrugón y sopor
Los primeros veinte minutos apuntaban a una tarde cómoda. El Barcelona controlaba el balón, movía al Celta, exploraba las bandas. El gol llegó en el minuto 23, un momento de genuina calidad en una primera mitad por lo demás olvidable. Un intercambio rápido por la izquierda liberó al extremo, y su centro raso encontró el remate en el primer palo. Sencillo, efectivo, lo que recetaba el médico.
Luego llegó la autocomplacencia.
El Barça pareció dar por hecho el trabajo. Cayó el ritmo. Los pases que habían sido precisos se volvieron descuidados. El Celta, ordenado y disciplinado bajo las instrucciones de su técnico, empezó a encontrar espacios entre líneas. Su número 10 comenzó a aparecer en zonas peligrosas, obligando al centro del campo azulgrana a replegarse en lugar de mandar.
Dos ocasiones antes del intermedio debieron servir de aviso. Un balón suelto en el área cayó al delantero celtiña, que disparó por encima desde ocho metros. Minutos después, una falta directa esquivó a todos y besó el poste lejano. El pitido del descanso llegó a tiempo.
Segunda parte: el Celta aprieta, el Barça resiste
Lo que se dijera en el vestuario no se tradujo sobre el césped. La segunda mitad fue un calvario. El juego ofensivo del Barcelona careció de imaginación, reciclando la posesión sin propósito. La delantera se vio aislada, famélica de servicios, reducida a perseguir balones largos que los centrales celestes despacharon con facilidad.
El Celta olió la sangre. Presionó más arriba, apretó con más intensidad, generó las mejores ocasiones. Su extremo suplente martirió al lateral derecho azulgrana, regateándole por dentro en dos ocasiones. Un centro merecía mejor suerte que el cabezazo flojo que vino después. Otra contra vio tres camisetas celestes inundar el área, pero el último pase se pasó de rosca.
El Camp Nou protestó, silbó, pidió más de los suyos. Nada llegó. Los intentos del Barcelona de salir al contraataque se vieron saboteados por malas decisiones y controles pesados. Una ocasión de oro para sentenciar llegó a un cuarto de hora del final: una contra limpia, tres contra dos, pero el pase final se fue fuera. Típico de la noche.
Actuaciones individuales: pocos héroes, muchos pasajeros
El portero merece reconocimiento por mantener la calma cuando los de delante ofrecían poca protección. Su colocación salvó al Barça en dos ocasiones, achicando espacios cuando el Celta penetraba.
El pivote trabajó sin descanso, cubriendo terreno, cortando balones, pero su distribución fue descuidada. Demasiados pases fallados cuando el Barcelona necesitaba control.
Arriba, el delantero reflejó frustración. Recibió migajas, aguantó el balón cuando pudo, pero no tuvo apenas apoyos. No se le puede reprochar el esfuerzo; sí lo que le rodeó.
El lateral derecho vivió una velada infernal. Superado en velocidad, pillado en mala posición, afortunado de no conceder penalti cuando se lanzó desesperado poco antes de la hora de juego.
Lo que viene
Los tres puntos importan. Las clasificaciones se construyen sobre resultados, no sobre actuaciones. Pero esto fue poco convincente para un Barcelona que debería dominar a rivales como el Celta en casa.
El ataque luce embotado. La creatividad es esporádica. La solidez defensiva que llevó al Barça por momentos difíciles esta temporada mostró grietas esta noche. El Celta no está entre la élite liguera, pero generó ocasiones suficientes como para haberse llevado algo de este partido.
Llegan pruebas más exigentes. A tenor de lo visto el miércoles, el Barcelona necesitará mejorar significativamente para afrontarlas. El cuerpo técnico tiene faena en los entrenamientos porque ahora mismo este equipo gana feo y, encima, gana a duras penas.

